La Iglesia Acompañando al Pastor Noe Carias
(Un testimonio por el Pr. Carlos Rincon, pastor de La Iglesia Centro de Vida Victoriosa y miembro de la junta directive de LCNN.)
Dos semanas antes de su cita, comenzamos a orar intencionalmente por este momento. Oramos en mi oficina con mi esposa, Rev. Michael Mata y su esposa Tina Mata; luego, el sábado previo, lo hicimos nuevamente durante un taller de migración en nuestra iglesia. También llevé esta petición a la conferencia de LCNN en Washington, donde el Rev. Carlos Malavé dirigió un ruego a todos los participantes, que se unieran en oracion por el pastor Carias, dos noches antes de su cita. Esta no es una situación nueva: su lucha migratoria lleva más de 20 años sin resolverse, aun estando casado con una ciudadana americana y siendo padre de dos hijos nacidos en este país. Por eso sabíamos que no solo era una cita legal, sino también un momento decisivo para una familia, y lo entregamos en las manos de Dios.
El jueves por la mañana, él llegó acompañado de su abogado, su esposa Vicky y sus hijos. Nosotros, como pastores, apenas alcanzamos a llegar para orar con él antes de que entrara, ya que decidieron entrar media hora antes de la cita. Lo alcancé mientras caminaba hacia su cita; se detuvo, nos abrazamos, y, con lágrimas en los ojos, expresó su gratitud. Después, continuó su camino. Durante las siguientes dos horas, nos mantuvimos en oración junto a pastores y líderes de distintas denominaciones—metodistas, católicos, nazarenos, pentecostales, bautistas y discípulos de Cristo—unidos en un mismo clamor. Intentamos en varias ocasiones que se nos permitiera acompañarlo, pero siempre se nos negó el acceso bajo el supuesto de un cambio de política.
Cerca de las 10 de la mañana, el pastor salió con una sonrisa: no fue detenido. Nos abrazamos y dimos gracias a Dios en medio de una profunda emoción. Aunque el sistema le ha pedido regresar en dos meses, prolongando un proceso que ha marcado la vida de su familia durante años, este momento reafirma que la presencia de la iglesia—unida en oración y acompañamiento—sigue siendo un testimonio vivo en medio de la incertidumbre. Seguimos orando, creyendo que Dios aún no ha terminado esta historia.
The Church Accompanying
Pastor Noe Carias
(A testimony by Rev. Carlos Rincon, pastor of La Iglesia Centro de Vida Victoriosa and member of the LCNN Board of Directors.)
Two weeks before his appointment, we began praying intentionally for this moment. We prayed in my office with my wife, Rev. Michael Mata and his wife Tina Mata; then, the Saturday before, we did so again during a migration workshop at our church. I also brought this request to the LCNN conference in Washington, where Rev. Carlos Malavé urged all the participants to be in prayer for Pastor Carias, two nights before his appointment. This is not a new situation: his immigration struggle has gone unresolved for more than 20 years, despite being married to an American citizen and being the father of two children born in this country. That is why we knew this was not just a legal appointment, but a decisive moment for a family — and we placed it in God’s hands.
On Thursday morning, he arrived accompanied by his attorney, his wife Vicky, and his children. We, as pastors, barely made it in time to pray with him before he went in, as they had decided to enter half an hour early. I caught up with him as he was walking toward his appointment; he stopped, we embraced, and — with tears in his eyes — he expressed his gratitude. Then he continued on his way. Over the next two hours, we remained in prayer alongside pastors and leaders from different denominations — Methodist, Catholic, Nazarene, Pentecostal, Baptist, and Disciples of Christ — united in a single cry to God. We made several attempts to be allowed to accompany him inside, but access was denied each time under the claim of a policy change.
Around 10 in the morning, the pastor came out with a smile: he had not been detained. We embraced and gave thanks to God in the midst of deep emotion. Although the system has asked him to return in two months — prolonging a process that has marked his family’s life for years — this moment reaffirms that the presence of the church, united in prayer and accompaniment, remains a living witness in the midst of uncertainty. We continue to pray, believing that God has not yet finished this story.