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This month, the LCNN family gathered in DC and the Spirit of God moved among us. We worshiped with sazón and rhythm, we met new friends, and we heard words of truth that challenged us to be faithful in times like these. We left DC with a commitment to be the Church in our nation today. In this issue of “La Esencia” we have invited a new friend of LCNN, Dr. Daniel Beltrán, to share with us about his experience at the gathering.
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Repasando los momentos vividos en la reunión anual de LCNN, no puedo evitar sentirme como un niño que, después de un paseo por la orilla de un mar hoy turbio, atesora con cuidado todo tipo de moluscos y caracolas que va encontrando a su paso. Una vez en casa, las limpia con delicadeza y descubre en cada una de ellas las más bellas formas y esos colores iridiscentes que revelan un diseño perfecto. Lo que he iniciado como metáfora describe, en realidad, lo vivido estos tres días. Cada testimonio de vida, cada enseñanza, cada conversación, me han permitido encontrar la multiforme sabiduría de Dios, reflejada en hombres y mujeres que manifiestan un diseño divino perfecto y abanderan la unidad del cuerpo de Cristo, obrando con un propósito común y legítimo. Confieso que me sentí pequeño en medio de tantos héroes, que en primera línea de batalla, con humildad y determinación, arriesgan sus vidas por la justicia y por la defensa del más vulnerable.
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Vivimos un momento histórico decisivo, una verdadera encrucijada social y espiritual. Enfrentamos una bestia multicefálica, una crisis reflejada en el nacionalismo cristiano, en la polarización política que fractura comunidades, en la desinformación que distorsiona la verdad, en la indiferencia ante el sufrimiento del prójimo y en una cultura digital que alimenta constantemente nuestra concupiscencia. Ante esta crisis, LCNN reúne a hombres y mujeres de fe que han dicho basta al sinsentido. La comunidad hispana está sufriendo más que ninguna otra en nuestro país el embate de una cultura cada vez más alejada del corazón y la mente de Cristo. Incluso en medio de un espíritu de división que siembra miedo y odio, aún entre los nuestros, recordamos algo esencial: el enemigo no es nuestro hermano, y nuestra lucha se ampara en un accionar pacífico, continuado, estratégico, y profundamente espiritual. Todo esto se sostiene bajo un testimonio irreprensible que nos otorga la autoridad moral necesaria para hablar con verdad y actuar con justicia.
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Para llevar adelante esta tarea, hemos de reunir tres condiciones indispensables que hemos aprendido estos días: un movimiento amplio que abarque todo el espectro del cuerpo de Cristo, una naturaleza apasionada por la misión, anclada en quienes sufren en primera persona, y, por último, y sobre todas las cosas, el poder sobrenatural de Dios. Como colofón de todo lo compartido, recorrimos los pasillos del Senado. Entrar en los despachos de nuestros senadores fue mucho más que participar en el proceso democrático. Fue un acto profético que proclama que la Iglesia está presente, activa y trabajando por el Reino de Dios en nuestro país. Ha sido mucho lo atesorado en estos días. Son conversaciones, enseñanzas, testimonios, estrategias, amistad…, y sobre todo, un corazón que late al unísono. Y cuando todo haya pasado, cuando mucho tiempo haya transcurrido, tal vez alguien, caminando por las costas de la historia, descubra en nuestro testimonio el testigo fiel del diseño divino.
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Sobre el autor Daniel Beltrán
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Daniel Beltrán es doctor en Biología Molecular por la Universidad Autónoma de Madrid y ministro ordenado bajo la cobertura de A.P.E.P.T. International. A su destacada trayectoria como investigador en genética humana, se suma su labor como cofundador y pastor de Ministerios El Camino International, así como de director de Punto de Encuentro, plataforma desde la cual produce y desarrolla programas de TV y radio, podcasts y talleres educativos.
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